Es comprensible que en la coyuntura actual, con ETA todavía por ahí matando gente, a los cineastas españoles les cueste acercarse a ese fenómeno. No obstante, el terrorismo etarra es un tema que clama al cielo por ser llevado al cine por grandes artistas (aunque no sé yo si aquí tenemos de eso). En primer lugar, para concienciar a la sociedad del problema continuo que supone el terrorismo, que parece que sólo nos acordamos el día que estalla una bomba o muere un guardia civil, cuando la realidad es que todos los días hay gente que tiene que vivir atada a un escolta (con las limitaciones y problemas que eso conlleva), empresarios amenazados de muerte por negarse a financiar el asesinato de otros e incluso gente que no puede ni recibir un paquete postal sin temer por su vida. En segundo lugar, porque es un tema tan complejo que da para hablar de una infinidad de temas: de la violencia, del miedo, de la libertad, de la democracia, de la pérdida, del sacrifico... Lamentablemente, no es "Tiro en la cabeza" la película que cumplirá esas funciones, básicamente porque es una película de la que no se puede sacar nada de nada.
La película está inspirada en el asesinato de los guardias civiles Fernando Trapero y Raúl Centeno a manos de tres etarras en Capbreton, Francia, durante un encuentro fortuíto en una cafetería. La película está rodada con teleobjetivos (porque Jaime Rosales es el mismo de la película aquella de la polivisión que ganó 3 Goyas y de la que nadie se acuerda ya) y no se escuchan los diálogos de los protagonistas, sino únicamente el sonido ambiental. Además, la cámara se limita a seguir al etarra protagonista mientras realiza acciones cotidianas como comprar la prensa o darse el lote con su pareja. Así durante los primeros 60 minutos de los 80 que dura. Con lo cual se entiende a la perfección el vacío de contenido de la obra, porque en el cine no se puede expresar nada sin una historia, y no hay historia si no hay una serie de acciones estructuradas y ordenadas que den forma a la trama de la que se extraerá luego la reflexión. El texto y el subtexto de toda la vida, vamos. El problema es que hay una tendencia en el cine posmoderno, especialmente en el europeo, a minimizar el primero en favor del segundo, hasta que Rosales directamente lo aniquila en un homicidio artístico sin precedentes.
Dicen por ahí que la intención de Rosales al silenciar los diálogos es hacer imposible cualquier identificación con el asesino impidiéndole articular un discurso,mostrándolo así como un ser irracional. ¿Hacían falta 60 minutos de un señor haciendo cosas normales de la vida para llegar a eso? Yo diría que no, que eso se puede decir perfectamente en un cortometraje, que esos además no salen del dinero del contribuyente. Pero imaginense cuando leo unas palabras del director hablando sobre su propia intención que dicen lo siguiente: "La víctima tiene que concienciarse de que el terrorista no es un monstruo las 24 horas del día. Y el terrorista, de que se lanza por un camino muy negativo también para él". El resto de la entrevista sigue destilando un cierto buenismo para con los terroristas, pero detengámonos en estas declaraciones, que son incongruentes con la intención que se le ha atribuído, por un lado, y por el otro, francamente estúpidas. Si hemos quedado en que el terrorista es irracional, difícilmente vamos a hacerle comprender que el camino que ha elegido es un camino autodestructivo, y si es un ser irracional tampoco encaja mucho lo de retratarlo como una persona humana que sangra si la hieres y muere si la envenenas. Y es que lo de que el terrorista no es un monstruo las 24 horas del día no hay por donde cogerlo. Yo no soy hombre a ratos, lo soy a jornada completa, igual que no soy estudiante sólo cuando me examino ni dejo de ser del Madrid los lunes para volver a serlo los domingos. Si el asesino deja de serlo cuando no está cometiendo asesinatos no viene a cuento que la Justicia lo persiga porque en ese momento no es un asesino sino un señor normal de la calle. Puro delirio.
La verdad es que da la sensación de que Rosales quería hacer algo fuera de lo común como fuera y así ser el más innovador de la clase (en la misma entrevista antes citada dice que también pretende "abrir un nuevo camino en el pensamiento", ahí es nada), pero en el cine para crear algo que se salga de lo establecido y no quedar como un completo idiota es necesario poseer un talento del que este hombre carece, visto su empeño en hacer una película que no tenga nada de cinematográfica. No me extraña que haya tenido que contar con actores no profesionales y que el personaje protagonista esté interpretado por el operador de cámara de su anterior trabajo, porque ni el actor más necesitado aceptaría un papel protagonista cuya carga dramática no es mayor que la de cualquier extra. Para dejar claro el despropósito que es esta cosa, he de decir que incluso la escena clave de la película (la del asesinato en el parking) es totalmente accesoria, y lo es porque se le podría dar una interpretación totalmente distinta sin que ello hiciera necesario cambiar ni un sólo fotograma. Por ejemplo: el protagonista está en una cafetería y ve como otro hombre lo mira continuamente. El protagonista, que es un homófobo recalcitrante, cree que su observador es un homosexual que intenta ligar con él y, lleno de ira, lo sigue al aparcamiento para pegarle un tiro. Acto seguido, sus dos acompañantes deciden que deben ayudar a escapar a su amigo por muy horrible que haya sido su crimen. Y lo dicho, si en vez de un terrorista fuese un asesino homófobo, ni un sólo fotograma habría que cambiar.
Aprovecho también para decir que, aunque en algún momento se oyen algunas voces, el autor se ha empeñado en grabar el sonido ambiental tal cual, por lo que no se entiende absolutamente nada de lo que le dice la señora esa a su hija ni ninguna otra cosa. Si llegado a este punto creen que la película es una tomadura de pelo, les diré que estoy totalmente de acuerdo. Y si por el contrario albergan alguna esperanza de que la película sea una joya, sólo decirles que poseen un optimismo digno de dedicarle una estatua ecuestre, y que espero que la disfruten como yo no pude.
miércoles, 12 de agosto de 2009
viernes, 7 de agosto de 2009
Dicho y hecho
Decíamos ayer: "...voy a tener que abrir un nuevo blog dedicado al periodismo actual, porque se ve cada cosa que...". Pues ya está. Toda la inmundicia que se publica en España, diseccionada en La voz de su amo. Disfrútenlo, que me hará una ilusión que ni a la vice un Versace nuevo.
miércoles, 22 de julio de 2009
Nuevamente, El Plural hace gala de falta de escrúpulos
Luis Solana, "militante socialista y promotor de nuevas tecnologías", utiliza en su columna de EL Plural los recientes casos de violación de dos niñas por otros tantos grupos de menores para hacer campaña a favor de la nueva ley del aborto, y lamenta que a la ministra de Igualdad no se le haya ocurrido la misma genial idea.
Si tienen estómago, léanlo. Pocos comentarios merece la cosa. Por cierto que voy a tener que abrir un nuevo blog dedicado al periodismo actual, porque se ve cada cosa que...
Si tienen estómago, léanlo. Pocos comentarios merece la cosa. Por cierto que voy a tener que abrir un nuevo blog dedicado al periodismo actual, porque se ve cada cosa que...
domingo, 12 de julio de 2009
Qué no hay imposición lingüística, dicen
Nuevo capítulo de la batalla por la normalización lingüística en Galicia. Recientemente, se ha publicado un manifiesto en defensa de la lengua gallega titulado "Galego, patrimonio da humanidade". Como en la página web del manifiesto sólo aparece la versión en gallego (no vaya a parecer que quieren discriminar a alguien...), aquí traigo una traducción aproximada que he encontrado en un blog:
Hasta hace escasas fechas, había un criterio que formaba parte de los consensos básicos sobre los que se articuló el autogobierno de Galicia: el idioma gallego merece una especial protección por parte de los poderes públicos. Este criterio se justifica por la subordinación histórica de un idioma que siempre fue el de las mayorías populares, pero que también estuvo discriminado o proscrito, salvo durante los períodos en que Galicia y España han gozado de democracia. La libertad y el derecho al uso del idioma propio han sido bienes históricamente coincidentes.
La pretensión de hacer creer a la sociedad de que existe una imposición lingüística disimula el intento de liquidar el idioma gallego y acrecentar la supremacía del castellano. Los que sostienen esa tesis quieren evitar la presencia del gallego en sus vidas y blindarlas en ámbitos en los que el castellano sea el único idioma. Pero Galicia es una sociedad en la que se hablan dos lenguas que, tal como evidencian los hechos, están en situación de desigualdad, por lo que el gallego debe recibir una especial protección. Sólo así se podrá afirmar que se actúa con justicia y con la perspectiva de conseguir una convivencia lingüística basada en la igualdad.
Esa es la letra y el espíritu de la Constitución, del Estatuto de Autonomía y de la vigente Ley de Normalización Lingüística. Las sentencias del Tribunal Constitucional así lo han confirmado. Sin embargo, el PP ha roto el consenso. Sin embargo, ganar unas elecciones no autoriza a destruir lo que constituye una de las bases de convivencia social y uno de los signos de nuestra existencia como país.
La sociedad gallega, que siente aprecio por su lengua con independencia del idioma en el que cada se exprese habitualmente, debe reclamar al PP su reincorporación al consenso y que respete las políticas en pro del idioma gallego que el propio PP impulsó desde la Xunta y que consisten básicamente en su protección. El idioma de Galicia es un patrimonio de la humanidad que debemos custodiar y garantizar como medio de comunicación e información.
Al menos se han abstenido de llamar franquistas a los detractores de la normalización lingüística. A punto han estado, pero se han contenido y eso les honra. Lo que ya no les honra tanto es el hecho de atribuír a los que nos oponemos a cualquier tipo de imposición lingüística la intención de borrar el gallego de la esfera pública. Que ya empezamos a estar un poco hartos de explicar que lo que queremos es libertad para todos los ciudadanos, aunque eso signifique la supremacía de una lengua frente a otra si así lo decide una sociedad plenamente libre. ¿Tan difícil resulta entender que es discriminatorio exigir a un funcionario el conocimiento una lengua cooficial cuando no la va a necesitar en el desempeño de su trabajo? ¿Tanto cuesta comprender que los derechos lingüísticos de los ciudadanos que se expresan en lenguas cooficiales estarán suficientemente garantizados si la administración pública cuenta con un número suficiente de empleados que puedan atenderlos en su lengua? ¿O que un estudiante pueda necesitar en el futuro un mayor dominio de la lengua castellana que de la gallega, si así lo considera? Mal va Galicia si su convivencia depende de la protección de un idioma a costa de las libertades individuales y no de la protección de la libertad de sus ciudadanos.
No deja de hacerme gracia el concepto de "lengua propia", cuando se refiere a la de un territorio. ¿Acaso Galicia, ese trozo de tierra situado al noroeste de la Península Ibérica, cuenta con la capacidad de hablar? Y es que hay una gran confusión sobre los apellidos que se le ponen a la palabra "lengua". Está la lengua común, aquella que comparten, por unas razones u otras, los miembros de una comunidad. Está la lengua materna, aquella en la que una persona es educada en su primeria infancia y aprende a hablar. También está la lengua oficial, que es la que un Estado utiliza para comunicarse con sus ciudadanos. Y está la lengua propia, aquella que cada hablante toma como suya, en la que se expresa habitualmente, y que debe elegir sin ningún tipo de intromisión. El problema es que los redactores de este manifiesto toman el concepto de lengua propia como lengua del territorio, que por tanto debe ser la de sus habitantes. El típico juego nacionalista, pero con la desvergüenza de ir disfrazado de reclamación de igualdad y de libertad lingüística.
En todo el texto subyace, además, una de las falacias favoritas de los nacionalistas: la de que la lengua es un patrimonio cultural que desaparecerá cuando la comunidad deje de hablarla. Bueno, pues creo yo que el latín tampoco cuenta con hablantes habituales, pero no se ha perdido como patrimonio cultural. Sin ir más lejos, en España, aún se estudia en algunos itinerarios de secundaria y Bachillerato, e incluso en carreras universitarias. Pues lo mismo para el gallego y para cualquier lengua. Mientras queden documentados su léxico, gramática, etc. es imposible que se pierda el patrimonio cultural. Aquí cabe hacer una distinción entre la lengua como cultura en sí misma, como conjunto de símbolos compartidos por una sociedad; y la lengua como vehículo de cultura. En el primer caso, el hecho de que un grupo de personas deje de utilizar voluntariamente una simbología determinada para sustituírla por otra no es más que una expresión de la evolución natural de las sociedades basada en las libertades personales, algo que sólo debe asustar a las mentes más reaccionarias. Tan preocupante resulta que una lengua deje de ser el instrumento de comunicación preferente, como que los ceniceros dejen de ser el instrumento en el que los fumadores dejan sus colillas. En el segundo caso, no es lo mismo la desaparición del gallego como vehículo de la cultura gallega que la desaparición de la cultura gallega en sí misma. ¿O acaso las obras de escritores gallegos escritas en castellano no son también cultura gallega, o lo son en menor medida? Sólo el nacionalismo más identitario, opresor y antiliberal podría decir que sí.
Por cierto, resulta curioso que califiquen al gallego como patrimonio de la humanidad, un título conferido por la UNESCO. Sí, esa misma institucion que recomienda la escolarización de los niños en su lengua materna.
Hasta hace escasas fechas, había un criterio que formaba parte de los consensos básicos sobre los que se articuló el autogobierno de Galicia: el idioma gallego merece una especial protección por parte de los poderes públicos. Este criterio se justifica por la subordinación histórica de un idioma que siempre fue el de las mayorías populares, pero que también estuvo discriminado o proscrito, salvo durante los períodos en que Galicia y España han gozado de democracia. La libertad y el derecho al uso del idioma propio han sido bienes históricamente coincidentes.
La pretensión de hacer creer a la sociedad de que existe una imposición lingüística disimula el intento de liquidar el idioma gallego y acrecentar la supremacía del castellano. Los que sostienen esa tesis quieren evitar la presencia del gallego en sus vidas y blindarlas en ámbitos en los que el castellano sea el único idioma. Pero Galicia es una sociedad en la que se hablan dos lenguas que, tal como evidencian los hechos, están en situación de desigualdad, por lo que el gallego debe recibir una especial protección. Sólo así se podrá afirmar que se actúa con justicia y con la perspectiva de conseguir una convivencia lingüística basada en la igualdad.
Esa es la letra y el espíritu de la Constitución, del Estatuto de Autonomía y de la vigente Ley de Normalización Lingüística. Las sentencias del Tribunal Constitucional así lo han confirmado. Sin embargo, el PP ha roto el consenso. Sin embargo, ganar unas elecciones no autoriza a destruir lo que constituye una de las bases de convivencia social y uno de los signos de nuestra existencia como país.
La sociedad gallega, que siente aprecio por su lengua con independencia del idioma en el que cada se exprese habitualmente, debe reclamar al PP su reincorporación al consenso y que respete las políticas en pro del idioma gallego que el propio PP impulsó desde la Xunta y que consisten básicamente en su protección. El idioma de Galicia es un patrimonio de la humanidad que debemos custodiar y garantizar como medio de comunicación e información.
Al menos se han abstenido de llamar franquistas a los detractores de la normalización lingüística. A punto han estado, pero se han contenido y eso les honra. Lo que ya no les honra tanto es el hecho de atribuír a los que nos oponemos a cualquier tipo de imposición lingüística la intención de borrar el gallego de la esfera pública. Que ya empezamos a estar un poco hartos de explicar que lo que queremos es libertad para todos los ciudadanos, aunque eso signifique la supremacía de una lengua frente a otra si así lo decide una sociedad plenamente libre. ¿Tan difícil resulta entender que es discriminatorio exigir a un funcionario el conocimiento una lengua cooficial cuando no la va a necesitar en el desempeño de su trabajo? ¿Tanto cuesta comprender que los derechos lingüísticos de los ciudadanos que se expresan en lenguas cooficiales estarán suficientemente garantizados si la administración pública cuenta con un número suficiente de empleados que puedan atenderlos en su lengua? ¿O que un estudiante pueda necesitar en el futuro un mayor dominio de la lengua castellana que de la gallega, si así lo considera? Mal va Galicia si su convivencia depende de la protección de un idioma a costa de las libertades individuales y no de la protección de la libertad de sus ciudadanos.
No deja de hacerme gracia el concepto de "lengua propia", cuando se refiere a la de un territorio. ¿Acaso Galicia, ese trozo de tierra situado al noroeste de la Península Ibérica, cuenta con la capacidad de hablar? Y es que hay una gran confusión sobre los apellidos que se le ponen a la palabra "lengua". Está la lengua común, aquella que comparten, por unas razones u otras, los miembros de una comunidad. Está la lengua materna, aquella en la que una persona es educada en su primeria infancia y aprende a hablar. También está la lengua oficial, que es la que un Estado utiliza para comunicarse con sus ciudadanos. Y está la lengua propia, aquella que cada hablante toma como suya, en la que se expresa habitualmente, y que debe elegir sin ningún tipo de intromisión. El problema es que los redactores de este manifiesto toman el concepto de lengua propia como lengua del territorio, que por tanto debe ser la de sus habitantes. El típico juego nacionalista, pero con la desvergüenza de ir disfrazado de reclamación de igualdad y de libertad lingüística.
En todo el texto subyace, además, una de las falacias favoritas de los nacionalistas: la de que la lengua es un patrimonio cultural que desaparecerá cuando la comunidad deje de hablarla. Bueno, pues creo yo que el latín tampoco cuenta con hablantes habituales, pero no se ha perdido como patrimonio cultural. Sin ir más lejos, en España, aún se estudia en algunos itinerarios de secundaria y Bachillerato, e incluso en carreras universitarias. Pues lo mismo para el gallego y para cualquier lengua. Mientras queden documentados su léxico, gramática, etc. es imposible que se pierda el patrimonio cultural. Aquí cabe hacer una distinción entre la lengua como cultura en sí misma, como conjunto de símbolos compartidos por una sociedad; y la lengua como vehículo de cultura. En el primer caso, el hecho de que un grupo de personas deje de utilizar voluntariamente una simbología determinada para sustituírla por otra no es más que una expresión de la evolución natural de las sociedades basada en las libertades personales, algo que sólo debe asustar a las mentes más reaccionarias. Tan preocupante resulta que una lengua deje de ser el instrumento de comunicación preferente, como que los ceniceros dejen de ser el instrumento en el que los fumadores dejan sus colillas. En el segundo caso, no es lo mismo la desaparición del gallego como vehículo de la cultura gallega que la desaparición de la cultura gallega en sí misma. ¿O acaso las obras de escritores gallegos escritas en castellano no son también cultura gallega, o lo son en menor medida? Sólo el nacionalismo más identitario, opresor y antiliberal podría decir que sí.
Por cierto, resulta curioso que califiquen al gallego como patrimonio de la humanidad, un título conferido por la UNESCO. Sí, esa misma institucion que recomienda la escolarización de los niños en su lengua materna.
lunes, 29 de junio de 2009
Pasar página
A los nacionalistas parece que si les das la mano se llevan el brazo entero, además de una oreja y un pie si se presenta la ocasión. Lo vuelven a demostrar unas declaraciones de Artur Mas recogidas por El Confidencial que, si bien no sorprenden por su contenido, si que resultan de lo más ofensivas para cualquiera que entienda de qué va esto de la democracia. Porque, si bien los defensores del Estatut se ponen el gobierno del pueblo por bandera al defender ese texto porque "es lo que han decidido los catalanes", conviene recordar que una parte imprescindible la democracia es el respeto absoluto a la ley, y más aún a la Ley de Leyes. Por tanto, y según nuestro ordenamiento jurídico, ningún estatuto de autonomía puede contradecir a la Constitución. Pero lo que viene a decir Mas es que, si el TC no acepta pulpo como animal de compañía aunque sea inconstitucional, a lo mejor hay que llevarse el Scatergories.
Dice don Artur que si el Estatuto no se aprueba y la nueva financiación no se ajusta a las exigencias de los nacionalistas catalanes "Cataluña habrá llegado a la conclusión de que luchar por el autogobierno y por obtener más recursos por la vía constitucional ya no es útil". Y se queda más ancho que largo. Si el objetivo era ese, desde luego que tendrían que haber llegado a esa conclusión hace mucho. Allá por 1978, más o menos. Y es que nuestra Constitución no se hizo para que las comunidades autónomas más fuertes exprimieran al Estado a costa de las más débiles, por mucho que nuestros politicastros de hoy, con una talla política ridícula al lado de la de los protagonistas de la Transición, hayan tratado de pervertirla por todos los medios. Si Artur Mas cree que la Constitución es un camino para satisfacer los deseos nacionalistas, que vaya bajando de esa nube, pues el texto constitucional establece que todos los españoles, catalanes incluídos, somos iguales en derechos y obligaciones.
Mas también dice que si no se cumple con las exigencias nacionalistas, será una evidencia de que España "habrá fracasado en su relación con Cataluña y ello tendrá consecuencias no agradables", por lo que asegura que Cataluña tendría que "pasar página". Vaya, no sé por qué, pero no me sorprende ver a un nacionalista chantajeando al Estado. No sorprende y eso es lo que más me preocupa, pues han sido demasiadas las veces que un gobierno español ha tenido que ceder a exigencias injustas provenientes de todo tipo de nacionalistas. ¿Cómo podemos habernos acostumbrado a ello y tomarlo por normal? Lo que ha dicho Mas es muy grave, pues supone que este señor considera que España no es más que un proyecto al que Cataluña pertenecerá mientras puedan vampirizarlo, y cualquier resolución del máximo intérprete de nuestra Constitución que impida esa vampirización supondrá un punto de inflexión que llevará a la secesión.
¿Qué es lo mas triste? Que ese tipo de cosas se ven amparadas por nuestra Constitución, que denota cierta ambigüedad en algunos puntos que da alas a estos chantajistas (eso de las "nacionalidades y regiones" chirría...). Así que puede que convenga sentarse a hablar de una reforma de la Constitución, como pide la presidenta del TC, para dejar bien claro lo que es admisible y lo que no en un estado democrático. A lo mejor sí que hay que pasar página.
Dice don Artur que si el Estatuto no se aprueba y la nueva financiación no se ajusta a las exigencias de los nacionalistas catalanes "Cataluña habrá llegado a la conclusión de que luchar por el autogobierno y por obtener más recursos por la vía constitucional ya no es útil". Y se queda más ancho que largo. Si el objetivo era ese, desde luego que tendrían que haber llegado a esa conclusión hace mucho. Allá por 1978, más o menos. Y es que nuestra Constitución no se hizo para que las comunidades autónomas más fuertes exprimieran al Estado a costa de las más débiles, por mucho que nuestros politicastros de hoy, con una talla política ridícula al lado de la de los protagonistas de la Transición, hayan tratado de pervertirla por todos los medios. Si Artur Mas cree que la Constitución es un camino para satisfacer los deseos nacionalistas, que vaya bajando de esa nube, pues el texto constitucional establece que todos los españoles, catalanes incluídos, somos iguales en derechos y obligaciones.
Mas también dice que si no se cumple con las exigencias nacionalistas, será una evidencia de que España "habrá fracasado en su relación con Cataluña y ello tendrá consecuencias no agradables", por lo que asegura que Cataluña tendría que "pasar página". Vaya, no sé por qué, pero no me sorprende ver a un nacionalista chantajeando al Estado. No sorprende y eso es lo que más me preocupa, pues han sido demasiadas las veces que un gobierno español ha tenido que ceder a exigencias injustas provenientes de todo tipo de nacionalistas. ¿Cómo podemos habernos acostumbrado a ello y tomarlo por normal? Lo que ha dicho Mas es muy grave, pues supone que este señor considera que España no es más que un proyecto al que Cataluña pertenecerá mientras puedan vampirizarlo, y cualquier resolución del máximo intérprete de nuestra Constitución que impida esa vampirización supondrá un punto de inflexión que llevará a la secesión.
¿Qué es lo mas triste? Que ese tipo de cosas se ven amparadas por nuestra Constitución, que denota cierta ambigüedad en algunos puntos que da alas a estos chantajistas (eso de las "nacionalidades y regiones" chirría...). Así que puede que convenga sentarse a hablar de una reforma de la Constitución, como pide la presidenta del TC, para dejar bien claro lo que es admisible y lo que no en un estado democrático. A lo mejor sí que hay que pasar página.
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